Pulgarcito


Erase una vez un par de campesinos a los cuales les nació un niño que no era más grande que el pulgar, por eso lo llamaron Pulgarcito.

Un día que ayudaba a su Padre en el bosque un par de forasteros lo vieron, pensaron que harían una fortuna con él si podían exhibirlo. Le pidieron al campesino que se los vendiera pero este se negaba. Pulgarcito convenció a su Padre que aceptara y después el escaparía para volver a casa. Así partió pulgarcito con los dos extraños, posado sobre el sombrero de uno de ellos, cuando lo bajaron para hacer sus necesidades, se metió en una madriguera y los forasteros quedaron con las manos vacías.

Después Pulgarcito oyó pasar a dos hombres que planeaban robar al Padre de la iglesia pero no sabían cómo hacerlo. Pulgarcito se ofreció diciendo que se deslizaría por las cañerías y después les pasaría todo lo que quisieran. Los ladrones aceptaron y cuando Pulgarcito estuvo dentro comenzó a gritar. La cocinera oyó estos gritos, se incorporó en su cama y los ladrones, atemorizados, huyeron como si los persiguiese el diablo.

Pulgarcito, sin ser descubierto, se había escondido en el pajar y encontró un buen lugar para dormir. Al siguiente día, la criada fue al pajar, y de allí tomó una brazada de heno, precisamente del lugar en donde dormía Pulgarcito. Estaba tan profundamente dormido que no se dio cuenta de nada, y no despertó hasta que estuvo en la panza de la vaca, y lo peor era que continuamente entraba más paja. Entonces, presa del pánico, gritó con todas sus fuerzas: -¡No me traigan más forraje!-

Creyendo que la vaca estaba embrujada el cura mandó que la mataran, el estómago, donde estaba encerrado Pulgarcito, fue arrojado al estiércol y un lobo hambriento se lo tragó de un solo bocado. Desde el fondo de su panza, Pulgarcito le habló de un maravilloso lugar con comida de sobra y lo dirigió hasta casa de sus Padres. El lobo no necesitó que se lo dijeran dos veces. Por la noche entró por la trampilla de la cocina y, en la despensa, comió de todo con inmenso placer. Cuando estuvo harto, quiso salir, pero había engordado tanto que ya no cabía por el mismo sitio. Pulgarcito, que lo tenía todo previsto, comenzó a patalear y a gritar dentro de la barriga del lobo.

Los chillidos despertaron finalmente a sus padres, quienes corrieron hacia la despensa y miraron por una rendija. Al escucharlos Pulgarcito gritó que estaba en la barriga del Lobo, le abrieron la barriga al lobo y sacaron al pequeño.

Pulgarcito contó todo lo que había pasado y acordaron no venderlo otra vez, ni por todo el oro del mundo.

Charles Perrault


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