Alí Babá y los Cuarenta ladrones

cuentos ali baba

Alí Babá era un leñador pobre y honrado que tenía un hermano muy avaro y deshonesto, Kassim.

Cierto día, Alí Babá vio en el bosque a cuarenta ladrones esconder sus tesoros dentro de una cueva. En la entrada se hallaba una gran piedra la cual se abría y cerraba al gritarle: -¡Sésamo, ábrete!- , -¡Sésamo, ciérrate!-.

Cuando los ladrones se marcharon a todo galope. Alí se acercó a la cueva y gritó: -¡Sésamo, ábrete!- y la roca se abrió. El interior estaba repleto de tesoros magníficos y Alí llevó un poco a casa.

Mostró el tesoro a Zulema, su mujer, quien se puso muy triste, pues creía que era un botín robado. Pero cuando Alí le contó cómo lo había obtenido, la mujer es puso a dar saltos de alegría. Decidieron enterrar el tesoro, pero su mujer quiso pesarlo antes. Zulema pidió prestada una balanza a Kassim, que era muy avaro y envidioso, y él le untó grasa, para averiguar qué clase de granos se pesaban en su balanza.

Al devolver la balanza, Kassim se encontró con un pequeño rubí y salió de inmediato a cuestionar a su hermano. Alí Babá le contó toda la historia. La siguiente mañana Kassim se encontraba en la cueva cargando sus mulas con el tesoro. Pero, al querer salir, olvidó las palabras mágicas; siendo sorprendido por los ladrones, que no dudaron en matarlo. Alí Babá fue a buscarlo preocupado. Lloró al verlo muerto y lo llevó al pueblo para sepultarlo.

Al volver, los ladrones vieron que el cadáver ya no estaba, por lo que decidieron buscar al cómplice. Preguntaron al enterrador que familia había sepultado un difunto últimamente. Para ubicar el lugar este marcó la puerta con ceniza. Pero Zulema, que lo había visto, pintó todas las casas del vecindario.

Burlado, el jefe mismo halló la casa y pidió posada como falso vendedor de aceite, con los ladrones escondidos en sus tinajas. Cuando todos dormían Zulema despertó, buscando aceite para sus lámparas. Tomó un pesado cucharón, abrió la primera tinaja y un ladrón asomó. Ella le dio un cucharonazo y así hizo en cada uno.

Cuando Alí llegó, llamaron a la autoridad y los ladrones fueron encarcelados. A partir de entonces, fueron felices toda la vida. Fin

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