Almendrita

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Érase una vez una viejecita que se sentía muy sola porque no tenía a nadie en el mundo. Un día el Duende Cuenta sueños le susurró al oído: “Siembra un grano de trigo y riégalo todos los días”. Así lo hizo la viejecita y a los ocho días le nació una preciosa niña, a la cual llamó Almendrita, por ser tan pequeñita como ellas.

Su cuna era una cáscara de nuez y sus sabanas pétalos de rosa. Todos los días la ponía a tomar el sol en la ventana de su casa, y ahí la vio un día, el Señor Sapo que se asomaba de un riachuelo cercano. Vio a la niña tan bonita, que pensó que sería una buena esposa para su hijo el sapito. Tomó a Almendrita y se la llevó, pero en un recodo del río la cáscara de nuez quedó flotando y Almendrita siguió navegando río abajo hasta que encontró una ratita que la invitó a vivir con ella y compartir las tareas de casa. A Almendrita le pareció una buena idea pues no quería casarse con el hijo del Señor Sapo. Y durante un tiempo vivieron felices y tranquilas.

A veces paseaba por el jardín, en uno de esos paseos, Almendrita encontró un gran pájaro negro tirado en el suelo, estaba muerto de frío… era una golondrina se había separado de sus compañeras. Almendrita la cuidó, la alimentó y la mantuvo escondida hasta que estuvo totalmente recuperada. La golondrina le dio las gracias y se fue volando con sus compañeras.

Al paso de los días el Señor Topo, amigo de la ratita, se enamoró de Almendrita, y quiso casarse con ella, pero el señor Topo era muy feo y vivía bajo tierra, por lo que la niña lloraba al pensar que no vería de nuevo la luz del sol. La ratita hizo que las arañas le tejieran el más bello ajuar que una novia puede tener, pero ¡la pobre Almendrita! cada vez estaba más triste.

Cuando su amiga la golondrina fue a despedirse, antes de marcharse a Egipto mientras pasaba el invierno. Almendrita le contó sus penas, entonces juntas volaron, para que la niña no se casara con el señor Topo.

Volaron durante días y días hasta que llegaron al más bello jardín, era el Jardín del Amor. Había mariposas con colores brillantes, pájaros cantores y flores de todos los colores donde vivían las hadas y los elfos.

La golondrina depositó delicadamente a Almendrita sobre una rosa. Al verla, el Príncipe del jardín quedó al instante prendado de la hermosa niña…

Todos los habitantes del jardín se alegraron mucho de que su Príncipe hubiera encontrado al fin el amor. Hicieron una gran fiesta donde las flores lucieron hermosas, los pajarillos entonaron los más amorosos trinos, las mariposas formaron un corazón en el cielo y hadas y elfos bailaron y jugaron sin descanso.

Almendrita y el Príncipe se quisieron mucho durante toda su vida y fueron muy felices junto a todos los habitantes del Jardín del Amor…

Fin

2 pensamientos en “Almendrita

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