El ciempiés bailarín

cuentos infantiles ciempies bailarinJimmy, el ciempiés, vivía cerca de un hormiguero. Su gran afición era bailar. Tenía unas patitas ágiles como las plumas. Le encantaba subirse encima del hormiguero y empezar a taconear diciendo: -¡Ya está aquí, el mejor, el más grande bailador!-.

Era muy molesto oír tantos pies, retumbando y retumbando sobre el techo del hormiguero. Las hormigas asustadas salían para ver lo que ocurría. Pero el ciempiés seguía cantando: -¡Ya está aquí, el mejor, el más grande bailador!-

-¡Otra vez Jimmy!- decía la hormiga jefe

-¡No podemos trabajar ni dormir!… ¿No puedes irte a otro sitio a bailar?-.La hormiga jefe ordenó a su tropa de hormigas que llevaran a otro lugar.

-¡No, hormiga jefe!… ¡Ya me voy!-

Se acercó a la casa del señor topo. Se puso al lado de la topera y vuelta a taconear. Seguía con su canción: -¡Ya está aquí, el mejor, el más grande bailador!-

El señor topo, enfadado, salió y le dijo: -¡Jimmy, estoy ciego pero no sordo!… ¿No puedes ir a otro sitio a bailar?-

Jimmy estaba un poco triste porque en todas partes molestaba. Cogió sus maletas y se marchó de allí. Empezó a caminar y caminar, hasta que estaba tan cansado que no tuvo más remedio que descansar. Se quedó dormido bajo un árbol.

Cuando despertó al día siguiente, estaba en un campo lleno de flores. -¡Este será mi nuevo hogar!- se dijo. Tanto se entusiasmó, que no se dio cuenta que un gran cuervo estaba justo encima de él. El ciempiés taconeaba con tanta alegría que llamó la atención del cuervo. Y el pájaro se lanzó sobre él, con gran rapidez… Abrió su bocaza y lo cogió. Jimmy gritaba: -¡Socorro, socorro!-

Un cazador que andaba por allí observó al cuervo volando. No le gustaban mucho los cuervos, pues él creía que le daban mala suerte. Hizo un disparo al aire para asustarlo. El cuervo soltó al ciempiés. Al caer, el ciempiés se dio un gran batacazo. Esto le sirvió de lección. Aprendió a ser más responsable y fijarse bien dónde se ponía a bailar. Buscó un lugar seguro y allí danzaba y bailaba. No molestaba a nadie ni a él le molestaban. Así fue como el ciempiés empezó a ser respetado por todos.

Marisa Moreno


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