El delfín triste

cuentos cortos El delfín tristeLeonesa estaba buscando un trabajo de medio tiempo en el periódico, para poder independizarse y así mudarse a su propio apartamento.

En el diario aparecieran los ya conocidos anuncios: Se solicita personal para… con mínimo seis meses de experiencia.

– ¿Cómo es posible que pidan gente con experiencia, si no nos dan la oportunidad de mostrar nuestros conocimientos primero?

Otra de las cosas que más le incomodaban era que las tareas demandaban mucho esfuerzo, por muy poca remuneración. Así estuvo buscando durante varios meses, hasta que encontró el que parecía un trabajo ideal.

“¿Te gustan los animales acuáticos? Si es así, por favor llama este número, ya que tenemos el puesto que has estado buscando.

Leonesa circuló el aviso y fue corriendo a un teléfono público. Ahí le dijeron que el trabajo consistía en hacerse cargo de la piscina de Marino, un delfín de dos años de edad, el cual era la atracción del acuario.

Muy contenta fue a la entrevista y la encargada del lugar ultimó los detalles de su contratación.

– Hagas lo que hagas, no dejes que Marino se quede sin comer. Hace muchos días que casi no provocado y su condición física ha provocado que los niños en vez de gusto por verlo, sientan un poco de miedo.

– Tengo el método perfecto para que ese pequeño delfín, vuelva a sentirse como antes. Dijo Leonesa.

– Eso espero chica. Recuerda que estás a prueba durante 15 días.

Al día siguiente, la joven llegó al acuario dos horas antes de que éste abriera, con el fin de poder entablar una “charla” con Marino.

– A ver amiguito te traje un libro que puede gustarte. Es una recopilación de cuentos muy cortos de muy distintas temáticas. Mi abuela acostumbraba a leerme historias bonitas, cuando yo me sentía triste o no tenía ánimo de hacer nada.

Parecía como si el delfín entendiera lo que Leonesa decía. Él se acercó a la orilla de la alberca y se apoyó sobre su cola.

– ¡Bien! Empecemos. Exclamó con alegría la joven.

No puedo explicar si la lectura de relatos fantásticos, ayudó a Marino a sentirse mejor, pero su recuperación fue casi inmediata. ¿Quién sabe?, es probable que con los avances de la tecnología un día podamos comunicarnos de viva voz con los animales.

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