El Gigante egoísta


Lo niños acostumbraban jugar en el jardín del Gigante. Pero al regresar de sus vacaciones él alzó una gran pared y les prohibió el paso. Como no había niños los árboles se olvidaron de florecer. Los únicos que se sentían a gusto allí eran la Nieve y la Escarcha. Y en seguida invitaron a su triste amigo el Viento del Norte y vino también el Granizo. La Primavera no llegó nunca, ni tampoco el Verano, mucho menos el Otoño.

Una mañana ¡Por fin había llegado la Primavera!. A través de una brecha del muro entraron los niños, y se treparon en los árboles. En un rincón del jardín se encontraba un niño, pero era tan pequeño que no lograba alcanzar las ramas del árbol.

El Gigante sintió que el corazón se le derretía, pensando en lo egoísta que fue. Estaba realmente arrepentido por lo que había hecho. Entonces se le acercó a aquel pequeño, lo tomó suavemente entre sus manos y lo subió al árbol, que floreció de repente. El niño besó al Gigante. Y los otros que se habían marchado por temor, al ver que ya no era malo, volvieron corriendo alegremente, trayendo la Primavera.

El Gigante derribó el muro y se le podía ver jugando con los niños en el jardín, pero el pequeño había desaparecido y nadie sabía dar razón de él.

Fueron pasando los años, el Gigante envejeció y sus fuerzas se debilitaron. Ya no podía jugar; pero, sentado en un enorme sillón, miraba jugar a los niños, extrañado a aquel pequeño que tanto quería.

Una mañana de Invierno, miró el rincón más alejado del jardín, había un árbol cubierto por completo de flores blancas. Debajo del árbol estaba parado el pequeñito a quien tanto había echado de menos. Tenía en la palma de las manos huellas de clavos, y también en sus pies. El Gigante enfureció pensando en acabar con cualquier que hubiese dañado al pequeño, pero él le dijo que eran marcas del amor y agregó: -Una vez tú me dejaste jugar en tu jardín; hoy jugarás conmigo en mi jardín, que es el Paraíso-.

Y cuando los niños llegaron esa tarde, encontraron al Gigante muerto debajo del árbol. Parecía dormir, y estaba enteramente cubierto de flores blancas…


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