Los tres cerditos

tres cerditosHabía una vez tres alegres cerditos que vivían junto a sus padres en una cabaña del bosque. Como eran ya mayores, decidieron salir a conocer el mundo, y construir sus propias casas.

El primer cerdito, era algo perezoso, por lo que decidió hacer una casa de paja, así la tendría lista en un abrir y cerrar de ojos, y sin esforzarse demasiado. En un instante la tuvo lista, y se echó a dormir.

El segundo cerdito, no era tan perezoso, pero tampoco el más trabajador, así que se esforzó un poco más y prefirió hacer una cabaña de madera. Le llevó un tiempo construirla, y al terminar se fue a comer cerezas.

El tercer cerdito, adoraba el trabajo, no le temía al esfuerzo, y aun sabiendo que tardaría mucho, optó por construirse una casa de ladrillos y cemento. Después de mucho trabajo, la casa quedó terminada. Sigue leyendo

El delfín triste

cuentos cortos El delfín tristeLeonesa estaba buscando un trabajo de medio tiempo en el periódico, para poder independizarse y así mudarse a su propio apartamento.

En el diario aparecieran los ya conocidos anuncios: Se solicita personal para… con mínimo seis meses de experiencia.

– ¿Cómo es posible que pidan gente con experiencia, si no nos dan la oportunidad de mostrar nuestros conocimientos primero?

Otra de las cosas que más le incomodaban era que las tareas demandaban mucho esfuerzo, por muy poca remuneración. Así estuvo buscando durante varios meses, hasta que encontró el que parecía un trabajo ideal.

“¿Te gustan los animales acuáticos? Si es así, por favor llama este número, ya que tenemos el puesto que has estado buscando.

Leonesa circuló el aviso y fue corriendo a un teléfono público. Ahí le dijeron que el trabajo consistía en hacerse cargo de la piscina de Marino, un delfín de dos años de edad, el cual era la atracción del acuario.

Muy contenta fue a la entrevista y la encargada del lugar ultimó los detalles de su contratación.

– Hagas lo que hagas, no dejes que Marino se quede sin comer. Hace muchos días que casi no provocado y su condición física ha provocado que los niños en vez de gusto por verlo, sientan un poco de miedo.

– Tengo el método perfecto para que ese pequeño delfín, vuelva a sentirse como antes. Dijo Leonesa.

– Eso espero chica. Recuerda que estás a prueba durante 15 días.

Al día siguiente, la joven llegó al acuario dos horas antes de que éste abriera, con el fin de poder entablar una “charla” con Marino.

– A ver amiguito te traje un libro que puede gustarte. Es una recopilación de cuentos muy cortos de muy distintas temáticas. Mi abuela acostumbraba a leerme historias bonitas, cuando yo me sentía triste o no tenía ánimo de hacer nada.

Parecía como si el delfín entendiera lo que Leonesa decía. Él se acercó a la orilla de la alberca y se apoyó sobre su cola.

– ¡Bien! Empecemos. Exclamó con alegría la joven.

No puedo explicar si la lectura de relatos fantásticos, ayudó a Marino a sentirse mejor, pero su recuperación fue casi inmediata. ¿Quién sabe?, es probable que con los avances de la tecnología un día podamos comunicarnos de viva voz con los animales.

El ogro del bosque

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Había una vez una anciana que vivía con sus tres hijos en una casita de madera, a la entrada de un bosque muy oscuro.

Un año, al acercarse el invierno, la anciana pidió a su hijo mayor que fuera al bosque y cortara un árbol para hacer leña. Pero, al hijo mayor no le gustaba trabajar, y fue de mala gana. Cuando llegó, se acercó al árbol más podrido pensando que sería más fácil cortarlo.

Tras el primer golpe del hacha, sintió que alguien le tocaba el hombro. Se volvió y vio a un horrible ogro. Tenía un ojo rojo en el centro de la frente. La nariz era de color morado, llena de bultos y retorcida como las raíces de un árbol.

-¡Oye, chico! -gritó el ogro-. Si derribas un solo árbol de mi bosque, te romperé en cincuenta pedazos.

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La billetera

cuentos cortos La billetera

Jessica se hallaba caminando por las calles cercanas a su colonia. Le gustaba pasearse por entre los distintos aparadores de los negocios que había a su alrededor, aunque no podía comprar casi nada, debido a que tanto ella como toda su familia eran gente muy pobre.

Se paró enfrente del escaparate de la juguetería y quedó maravillada al ver a una hermosa muñeca de porcelana que abría y cerraba sus ojos.

– Eres muy linda. Como quisiera llevarte a casa conmigo. Dijo la niña.

Enjugó una lágrima y prosiguió su camino. Por estar soñando con la muñeca, accidentalmente tropezó y cayó sobre la acera. Entonces frente a ella apareció lo que parecía ser una billetera.

Era de piel en color vino y poseía varios compartimentos llenos de dinero. Jessica miró hacia todos lados, con la esperanza de que nadie se hubiera dado cuenta de lo que había encontrado.

Se metió la billetera dentro del suéter, más el bulto que producía ese artículo se notaba fácilmente. Por ese motivo, cuando llegó a su casa su madre le preguntó.

– ¿Qué traes ahí Jessica?

– Es una billetera, estaba tirada en la calle. Pensaba darte el dinero a ti. Bueno, casi todo, porque hay una muñeca que me gustaría comprar.

– ¿Ya revisaste si en su interior hay alguna identificación?

– No, pero para qué. Las cosas que te encuentras en la calle son tuyas.

– Eso no está bien. ¿Qué tal si a esa persona le hace falta el dinero para pagar algunas deudas o algo así?

– ¿Más falta que a nosotros?

– Si hija, préstamela voy a revisarla. Aquí hay una credencial, quiero que vayas a esa dirección y se la devuelvas a su dueña.

– Puff, está bien mamá.

Jessica la obedeció sin oponer mayor resistencia, pues en el fondo sabía que ella tenía razón. Al ver la dirección, se dio cuenta que coincidía exactamente con la de la juguetería. Entró al local y buscó a la señora que aparecía en la identificación.

La dueña del establecimiento quedó tan agradecida que le dijo a Jessica:

– Cariño muchas gracias. Como premio a tu honradez te pido que escojas el juguete que más te guste.

– No señora como cree.

– Insisto, estoy segura que habrá algo que sea de tu agrado.

– La verdad sí, hay una muñeca que me gusta mucho.

– No se diga más, es tuya.

Así, Jessica fue premiada por su buena acción.

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Las hadas

Las hadas

Charles Perrault


Érase una viuda que tenía dos hijas; la mayor se le parecía mucho a la madre. Ambas eran desagradables y orgullosas. La menor, verdadero retrato de su padre por su dulzura y suavidad, era además muy bella. Por tal razón esta madre consentía a su hija mayor y maltrataba a la menor haciéndola trabajar sin cesar.

La pobre niña tenía que ir dos veces al día a buscar agua lejos de casa, y volver con una enorme jarra llena. Sigue leyendo

El cofre volador

cuentos infantiles cofre volador

Érase una vez el hijo de un rico comerciante que había heredado una gran fortuna y vivía alegremente, hasta que se le terminó el dinero. Sus amigos lo abandonaron; pero uno de ellos, le envió un viejo cofre con este aviso: -¡Embala!-. El consejo era bueno, pero como nada tenía que embalar, se metió él en el baúl.

Era un cofre curioso: echaba a volar en cuanto se le apretaba la cerradura. Y así lo hizo; en un santiamén, el muchacho se vio por los aires, vuela que te vuela y de este modo llegó a tierra de turcos. Una vez allí, con su baúl volador entró por la ventana de un gran castillo donde vivía la hija del rey, a la que se había profetizado que quien se enamorara de ella la haría desgraciada. Sigue leyendo

El conejito burlón

cuentos infantiles cortos conejito burlon

Vivía en el bosque verde un conejito dulce, tierno y esponjoso. Siempre que veía algún animal se burlaba de él. Un día, estaba sentado a la sombra de un árbol, cuando se le acercó una ardilla:

-Hola señor conejo-. Pero, el conejo no respondió. La miró, le sacó la lengua y salió corriendo.

-¡Qué maleducado!-, pensó la ardilla. Sigue leyendo